ROMA, 07
Junio 2010
En una
entrevista concedida al vaticanista italiano Paolo Rodari del diario
Il Foglio, el famoso exorcista P. Gabriele Amorth, comenta la
reciente homilía del
promotor de justicia de la Congregación para la Doctrina de la Fe,
Mons. Charles Scicluna, y señala que si
bien es cierto que un sacerdote que ha cometido abusos sexuales
podría sufrir más en el infierno que otros condenados, es necesario
no exagerar y nunca olvidar que nadie sabe "hasta donde Dios sabrá
perdonar" porque Él es esencialmente misericordia.
El exorcista de Roma afirma que le escuchó decir a Mons. Scicluna
que "para los sacerdotes culpables de abusos sexuales a menores el
infierno será más duro que para otros. Incluso si pudiese tener
razón, creo que es necesario concentrarse en no hacer que la Iglesia
se convierta en más justicialista que los tribunales civiles. En mi
opinión se está exagerando".
Al ser preguntado sobre si la Iglesia es muy dura con los sacerdotes
que cometen abusos sexuales, el P. Amorth precisa: "no he dicho eso.
Pienso sin embargo en que Dios es misericordia. Cada pecador, a
través de la confesión y la penitencia, puede comenzar siempre
nuevamente. Cierto: un sacerdote que ha cometido algunos pecados
tiene delante de sí una existencia difícil, en la que siempre
cargará con sus culpas, porque algunas de éstas no se cancelan con
una simple lavada en la propia existencia. Éstas, si bien podrían
ser redimidas, están siempre ante quien las ha cometido. Entonces la
caridad, la oración y la penitencia darán sentido a la vida si de
verdad se está arrepentido".
"La Iglesia no debe olvidar que la palabra que mejor define quién es
Dios es la misericordia. Y nadie puede saber cómo será el juicio de
Dios. Nadie puede saber hasta donde la misericordia de Dios será
capaz de llegar, hasta dónde Dios será capaz de perdonar", agrega.
El exorcista indica luego que los demonios son muchos, miles y
explica que ellos "han elegido libremente rebelarse contra Dios y
estar en el infierno. El infierno, que ha mencionado el P. Sicluna,
también tiene grados. Así como también el paraíso. Esto se da como
si estuviera compuesta de muchísimas estrellas que brillan cada una
de modo distinto. Es obvio que el alma de San Francisco brille de
modo distinto a la de un gran pecador que se convierte en el último
instante de su vida. Así también el infierno está hecho de muchos
condenados, todos sometidos al príncipe de las tinieblas, Satanás,
todos sometidos jerárquicamente".
"Recuerdo el relato que me hizo una vez el exorcista del que aprendí
todo: el Padre Candido (Amantini), que durante treinta años fue
exorcista en Roma y en la Escala Santa. Estaba exorcizando a un
poseído cuando al demonio que estaba dentro de esta persona le dice:
'¿por qué no te vas del infierno? ¿por qué no dejas las tinieblas en
las que estás? ¿por qué no regresas a la luz?'. El demonio le
respondió: 'Tú no sabes nada' –para nosotros los exorcistas cuando
un demonio dice esto es porque está a punto de decir algo verdadero,
no está mintiendo – 'Tú no sabes nada' dijo el demonio al Padre
Candido y añadió: 'Si me voy de allí Satanás me castiga'".
"Con esto quiero decir que en cierto sentido Scicluna tiene razón:
existe una jerarquía también en el infierno. Todos están sometidos
al ángel caído. Todos se odian y se hostigan y buscar prevalecer
sobre los otros, pero todos temen a Satanás", precisó.
Tras subrayar que nunca escuchó a un demonio hablarle de los pecados
del clero en relación a niños, el P. Amorth afirma que los espíritus
malignos "hablan poquísimo. Son reacios a hablar. Durante los
exorcismos es dificilísimo sacarles alguna palabra. Y cuando hablan
la mayor parte de las veces mienten. Dicen muchísimas mentiras".
Esto sucede, concluye, "porque no quieren revelarse. El exorcismo
los constriñe a salir al descubierto, a decir quiénes son y a irse
de la persona poseída, mientras que ellos quieren quedarse
encubiertos y destruir la vida de los que poseen".